¿Cómo diseñar una buena estrategia?





¿Cómo diseñar una buena estrategia?
Por Andrés Castillo y María Claudia García

Para responder esta pregunta es necesario entender la diferencia entre una buena y mala estrategia. Una buena estrategia es aquella que te lleva donde planeaste ir con anterioridad. Pero, la cuestión surge principalmente en tener cierta seguridad de que nuestra estrategia sea buena al momento de su diseño, no al final cuando los resultados no responden por ellos mismos. El Profesor Rumelt, en su libro Good Strategy and Bad Strategy, nos indica una definición muy clara y simple:

“Una buena estrategia es aquella que identifica los principales obstáculos a ser identificados para alcanzar un objetivo relevante. El punto lo hace basado en que establecer a donde se quiere ir, sin identificar qué es lo que se tiene que superar, sólo se trata de un ‘meta estirada o forzada’, más no de una buena estrategia” (Rumelt 2011:15-16)

En esa línea de pensamiento, es necesario no sólo identificar los principales obstáculos sino también priorizarlos en función de su importancia para el logro de los objetivos estratégicos.

Hace algún tiempo, leí una sátira sobre que hace que algo sea estratégico, ya que muchas cosas hoy aparecen estratégicas, comités estratégicos, acciones estratégicas, personas y puestos estratégicos, etc. Esta sátira concluía en algo así como que “si lo dice mi jefe, claro que es estratégico”. Bueno, la priorización tiene que ver por su relación y su impacto con la estrategia del negocio, con lo que nos hemos propuesto construir y alcanzar, no necesariamente tiene que ver con las jerarquías de las instituciones; aunque eso sí, reconocemos la gran importancia de la actuación política dentro del mundo corporativo.

Volviendo a nuestra definición de lo que es una buena estrategia, ésta debiera incorporar cuatro elementos: el intento estratégico, el foco de mercado, la propuesta de valor y las acciones claves que lo soportan.



El intento estratégico tiene que ver con la ambición que tiene el negocio, lo que quiere lograr en el mediano plazo. Son esos audaces, grandes y difíciles objetivos que motivan y comprometen a la organización en esta ambición común.









El foco de mercado representa el campo de batalla donde la empresa quiere competir. Aquí debieran definirse las plazas, los segmentos de mercado, los productos y/o servicios, los canales, en general, todo aquello que nos ponga las fronteras donde pensamos enfocar nuestra actuación. Es evidente que los límites de las industrias están siendo cada vez menos claros,  por lo que llegar a definiciones que reflejen más los clientes a los que vamos a llegar y las necesidades que pensamos satisfacer son necesarias, mejor aún si tienen un análisis de temporalidad incorporada.


La propuesta de valor está relacionada al elemento diferenciador de la empresa en el mercado versus las ofertas de sus competidores. Se le considera una apuesta “informada” porque no se puede ser bueno en todos los atributos que un cliente busca en un proveedor de productos y/o servicios específicos. Hay que apostar por el que sea atractivo, el que creamos que verdaderamente podemos hacerlo y que sea de alguna manera singular. Esto lleva a algunos analistas de estrategia a cuestionar la capacidad de diferenciación de las estrategias, ya que es altamente probable que muchos escojan el mismo atributo supuestamente “diferenciador”. Nuestra opinión es que en la creatividad de conjugar el foco, el atributo y las competencias organizacionales reside la capacidad de diferenciación.




Las actividades claves son las que nos van a permitir establecer cuan única y superior será nuestra estrategia. Lamentablemente, es tal vez lo menos atractivo en las definiciones estratégicas porque tiene que ver con la forma como ejecutamos los procesos y actividades claves. Para enfatizar el punto, les comento una anécdota: Trabajando con un cliente, nos mencionó que ellos se diferenciaban por el nivel de servicio frente a sus competidores. Obviamente, las siguientes preguntas fueron ¿Qué hace distinto que sus competidores para lograr esa diferenciación? ¿Tienen protocolos diferentes de atención? ¿Gestionan su cultura de servicio? ¿Sus procesos de selección, formación y otros son diferentes? La respuesta no fue nada concluyente y las evaluaciones comparativas de los clientes lo confirmaron, no existía tal diferenciación.

                                                                                    
Por lo tanto, una buena estrategia se caracteriza por ser relevante (incluye los principales obstáculos) e integral y creativa (incluye los cuatro elementos que permite generar algo único y sostenible). Ahora que ya conocemos la diferencia entre una buena y mala estrategia, vamos a responder el por qué es importante tener una estrategia.

El no tener una estrategia no nos da el sentido de dirección que toda organización y que todo líder necesita establecer, estaríamos igual que Alicia cuando le pregunta al Gato de Cheshire en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, que puerta escoger.


Además, una estrategia nos indica donde vamos a competir y cómo lo vamos a hacer.  Nos permite aterrizar en acciones que podemos construir en el tiempo. Justamente aquí es donde reside la importancia de tener verbalizada la estrategia de la empresa: nos permite unificar esfuerzos en una misma dirección. Muchas veces escuchamos a algunos gerentes quejarse que la gente no está comprometida con la organización. Cómo van estarlo si no saben a dónde van y menos saben que es lo que deben hacer para llegar allí. Hemos ayudado a verbalizar a muchos líderes sus propias estrategias, en ese esfuerzo se logra mayor integralidad, robustez y capacidad de comunicación a la organización. Sin una buena estrategia, los buenos resultados los dejamos al azar.
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La forma de pensar o de ver las cosas es elemental en toda persona es por eso que aquí te dejamos las cosas que alguien con éxito NO piensa.


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Recuerda que es bueno siempre celebrar el éxito pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso.



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La Gestión de Relaciones para Managers (parte 2)


En la primera parte de esta serie discutimos sobre las distintas dimensiones en las relaciones de un manager. En esta oportunidad profundizaremos un poco más sobre lo que implica gestionar una relación y veremos un ejemplo con la gestión de la relación con el cliente.


Una relación es una ecuación de valor. Como vimos en el artículo anterior, todos en nuestras vidas damos valor y esperamos recibirlo en la misma medida. Con valor para un negocio usualmente nos referimos al valor “monetario” de una relación (ej: Queremos maximizar el valor de nuestros clientes). En adelante al hablar de VALOR nos referimos a una medida de satisfacción para la persona. Los economistas llamamos a esto también UTILIDAD: aquello que los bienes o servicios nos generan al consumirlos o recibirlos.

En el contexto de una empresa ocurren múltiples transacciones de valor a todo nivel.  Desde el punto de vista del manager vimos que hay 4 tipos de relaciones que debemos gestionar: con los clientes externos y proveedores, clientes internos, superiores y subordinados. Cada una de estas relaciones se basa en el mismo principio del equilibrio de valor y si un manager ha logrado una buena reputación en  su organización es porque ha logrado mantener ese equilibrio en todos los frentes gestionando relaciones ganar-ganar y de largo plazo con su equipo a cargo, con la alta dirección, con las áreas involucradas, proveedores y usuarios/clientes.
Ahora, gestionar una relación implica conocer 2 temas:

1.       ¿Qué percibe la otra parte que le genera valor?
2.       ¿Estoy ofreciendo suficiente valor a la otra parte?
Aquí entraremos al concepto de “propuesta de valor” (o promesa de valor) y “fuentes de valor”. Cuando nos preguntamos ¿Qué percibe la otra parte que le genera valor?, lo que debemos entender son aquellos factores o dimensiones que pueden generar valor. Por ejemplo, para la relación de un departamento comercial con su cliente en un supermercado las dimensiones que nos generan valor pueden ser: el precio, la gama de productos, canales de atención y el servicio. Cada una de estas dimensiones tiene distintos atributos que hacen en conjunto la expectativa del cliente. Entender qué le genera valor a nuestro cliente es clave para hacerle una propuesta y recibir a cambio el valor que esperamos: su dinero y la recomendación del cliente satisfecho.



 Sin embargo un supermercado puede hacerle  una excelente promesa de valor a sus clientes (ej. Precios bajos siempre!) Pero si esta expectativa no se ha cumplido en alguna fuente de valor estaremos ante una relación desbalanceada. Es decir, si el cliente espera precios bajos y no lo encuentra quizás nos compre una vez pero ¿volverá a comprarnos? ¿Nos recomendará a sus amigos y familiares? Es probable que no. Recordemos qué sucede con las relaciones en nuestras vidas. Usualmente se desgastan con el tiempo y terminan cuando menos lo esperamos. Por ello es importante hacer la segunda pregunta desde el punto de vista de uno mismo ¿Estoy ofreciendo suficiente valor?

En la tercera parte de esta serie veremos más sobre la gestión de la relación con los diversos tipos de clientes y su relevancia para un manager de cualquier área de negocio. 
Andrés Castillo
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La Gestión de Relaciones para Managers (parte 1)

¿Cuál es el rol de un gerente hoy? Según Mintzberg la definición clásica de controlar, dirigir, organizar y planear representan menos del 10% de lo que hace un gerente en la práctica. En cambio, si tuviéramos que definir algún rol que represente lo que hace un gerente más del 80% del tiempo a lo largo de su carrera, este sería la gestión de sus relaciones.


Al hablar de las relaciones de un manager podemos distinguir dos dimensiones : la vertical y la horizontal. La dimensión vertical refleja las relaciones que se dan con los niveles superiores y los subordinados. En ella se visualiza más en las organizaciones y donde el desarrollo tradicional de competencias se ha enfocado más : cómo ser un mejor jefe.

La otra dimensión es la horizontal, en la cual se dan las relaciones con las personas involucradas en nuestro trabajo pero a quienes no reportamos directamente ni están bajo nuestro cargo : nuestros pares (clientes internos), proveedores y clientes (clientes externos). Es en esta dimensión donde hoy en día la vemos la mayor cantidad de interacciones (y problemas) de manera transversal en todas las áreas y negocios.



Pero ¿qué significa gestionar una relación? Se trata de una práctica fundamental de los seres humanos. Todo el tiempo gestionamos nuestras relaciones en nuestras vidas y se trata de un concepto tan simple , pero potente, como la reciprocidad (dar para recibir; hoy por ti, mañana por mí).

En las relaciones uno dedica tiempo y esfuerzo a la otra persona esperando, tarde o temprano, algo a cambio. Eso lo llamamos generar valor a la otra parte y lo hacemos todo el tiempo en nuestra vida diaria con amigos, parejas y algo que vemos a menudo en la relaciones es que por alguna razón se van desgastando hasta que llega su inevitable final. Es aquí donde la relación ha perdido su equilibrio de valor, en efecto, una relación está en equilibrio o balance cuando ambas partes perciben que están recibiendo la misma cantidad de valor. Este mismo principio se aplica en nuestra vida profesional, con nuestros clientes, jefes, pares, proveedores, etc.

Veremos que la capacidad de lograr nuestras metas personales y profesionales está muy vinculada a la capacidad que tengamos de mantener ese balance en nuestras relaciones. Pero ¿Qué implica generar y recibir valor en nuestro entorno laboral? Lo veremos en la segunda parte.

Andrés Castillo
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INFOGRAFÍA - ROLES Y RESPONSABILIDADES EN LA GESTIÓN DEL TALENTO

En la siguiente infografía te presentaremos los roles y las responsabilidades que se deben tener en la gestión del talento:
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RESUMEN: TODO EMPIEZA CON UN PASO



El reto de liderar el cambio organizacional

Los cambios organizacionales siempre han sido difíciles de llevar a cabo y ser conscientes de este riesgo es la primera condición para poder liderarlos de una manera eficaz. La razón por la cual tantos de ellos fracasan y tan pocos triunfan se debe a la existencia de tres barreras principales: la barrera que impide ver (las empresas o sus líderes, aun cuando se enfrentan a las oportunidades o amenazas, no las consiguen distinguir), la barrera que impide moverse (incluso cuando saben que es necesario ir en una determinada dirección, las empresas no se alteran) y la barrera que impide terminar (incluso cuando han vislumbrado la necesidad de cambio, y empiezan a moverse hacia él, las empresas no logran culminar lo que han iniciado).

Primera Barrera: No ver la necesidad del cambio organizacional

La barrera que frena el cambio organizacional en el momento oportuno es, a menudo, la consecuencia de seguir usando mapas mentales obsoletos que han funcionado en el pasado. En vez de contemplar el mercado desde distintas perspectivas, varios casos como Motorola y Nokia, se fiaron sólo de aquello que les permitió triunfar en el pasado y con ello dejaron que las nuevas oportunidades las aprovecharan otros (Samsung o Apple).

La solución para las empresas cuyos mapas mentales les impiden ver la necesidad de cambio organizacional es doble: combinar el contraste y el “enfrentamiento”. El contraste es un instrumento fundamental mediante el cual el ojo humano distingue las formas, el brillo y el color de los objetos o los fenómenos. Sin embargo, en entornos organizacionales complejos como las empresas, existen tantos elementos que requieren nuestra atención que, a la fuerza, la convierten en selectiva. Esta es la razón por la cual los directivos y los empleados de muchas empresas no perciben la necesidad de cambiar estrategias, estructuras, valores de la cultura corporativa, procesos, tecnologías, estilos personales de liderazgo, etc., aunque las contrasten con su pasado, presente o futuro. En su caso, el contraste debe ser convertido en un “enfrentamiento” con la visión pasada, presente y futura de su empresa en el mundo.

Segunda Barrera: No moverse en la dirección del cambio organizacional

La segunda barrera ante el cambio organizacional surge cuando, una vez comprendida la necesidad del mismo o incluso la dirección en la que deben moverse, las empresas no son capaces de hacerlo. Esto ocurre porque a menudo su personal, aunque sepa qué es lo que debe hacer para completar el cambio organizacional deseado, no dispone de una hoja de ruta que le posibilite llevarlo a cabo correctamente y continúa haciendo aquello a lo que está acostumbrado. Este tipo de resistencia al cambio es el que menos atención ha recibido en el mundo de la gestión empresarial y es a menudo el más difícil de lidiar. Para superarlo, los líderes empresariales deben no sólo invocar la necesidad de una nueva dirección estratégica y proporcionar la hoja de ruta, sino también presentar una visión que inspire al personal.

Para que los empleados se muevan en la dirección acertada, los ejecutivos deben asegurarse de que la visión del nuevo cambio organizacional sea clara, de que sus empleados cuenten con las habilidades, recursos y herramientas necesarios para realizar dicha visión y recompensen sus esfuerzos:

· La claridad de la visión: Un paso práctico para fijar un objetivo alcanzable consiste en traducir la visión de lo correcto en comportamientos concretos. Es decir, cuando una empresa proclama que “sus clientes son lo primero”, sus directivos deben saber cómo reconocer si tal comportamiento de sus empleados se adecua a esa visión o no. Para ilustrar este punto imaginemos el caso de una azafata de vuelo. La azafata tiene la oportunidad de realizar o no la misión de la compañía cada vez que algún cliente llegue tarde a la puerta de embarque o el vuelo se retrase o se cancele. Así, ante el retraso de un pasajero o del propio vuelo, el comportamiento acorde con la visión “clientes primero” sería mostrar empatía con la situación del viajero y ayudarle a llegar a su destino cuanto antes y con la menor incomodidad posible.

· La asignación de los recursos: Una vez conozcan su misión, los empleados necesitan creer que tienen la capacidad de realizarla y sentirse motivados para ello. Si creen en la misión intentarán llevarla a la práctica y la función más importante del líder no es otra que convencerles de la viabilidad de la misma. En el caso contrario, y aunque estén presentes una visión clara y la posibilidad de una mayor remuneración, tendrá que enfrentarse al fracaso. Fue precisamente esto lo que le ocurrió a un consultor contratado por una empresa japonesa para el lanzamiento de un nuevo producto. El consultor aclaró la visión al personal de ventas y les detalló un paquete de remuneración muy atractivo y, sin embargo, el producto no se lanzó por falta de clientes potenciales.

En algunas conversaciones privadas fuera del trabajo, el consultor descubrió que los vendedores no habían mencionado el nuevo producto a ningún cliente. Dado que la mayoría de ellos eran muy competentes en su trabajo, estos vendedores solían imaginarse detalladamente la conversación por teléfono con sus clientes (las preguntas y las respuestas). En la simulación con las preguntas sobre el nuevo producto habían descubierto que desconocían muchos detalles y, en la cultura japonesa, no tener respuesta a una pregunta es considerado algo muy embarazoso. Para evitar esta incómoda situación, los vendedores simplemente no mencionaban el nuevo producto. En este caso, el objetivo era claro, la remuneración atractiva y los vendedores profesionales, pero faltaba un recurso: la información adicional para contestar a algunas interpelaciones incómodas. El error del consultor fue dar por hecho que los vendedores disponían de esos datos. La simple creencia de que no contaban con la información suficiente bastó para que los vendedores no se movieran en la dirección marcada por su empresa.

· La remuneración: La remuneración de los empleados en la mayoría de los casos se reduce a dinero. Sin embargo, el dinero no es la única forma de recompensar los buenos resultados ni la que más motiva. Para asignarle el lugar adecuado en su sistema de remuneración, las empresas o los ejecutivos deben tener en cuenta dos aspectos:
  • En primer lugar, el dinero es para muchas personas tan sólo un medio mediante el cual obtienen lo que realmente desean. Sin embargo, en la medida en que descubren lo que a su personal verdaderamente le importa, los ejecutivos pueden buscar medios alternativos al dinero para satisfacer esas necesidades. Así, por ejemplo, para aquellos empleados a los que les motiva el estatus social, asignarles un puesto de líderes de un proyecto puede resultarles más gratificante que el dinero.
  • En segundo lugar, la capacidad de motivar que tiene el dinero es mucho menor de lo que a veces parece. Por ejemplo, un pago extra anual suficientemente alto puede ser un gran incentivo para los empleados. No obstante, tal y como han demostrado muchas investigaciones, el reconocimiento diario que los empleados reciben de sus compañeros y jefes motiva mucho más que una paga extra. Esto no debería implicar la abolición del pago extra, sino su reconsideración en favor de pagos extras más frecuentes, unidos al reconocimiento diario, como forma más efectiva de motivación.
Tercera Barrera: no terminar el cambio organizacional

Incluso cuando han superado las dos primeras barreras ante el inaplazable cambio organizacional, los ejecutivos se pueden encontrar con una tercera: sus empleados no consiguen terminar lo que han empezado. El éxito definitivo del cambio organizacional depende de si se logra derribar esta última barrera o no.

Con independencia de si el énfasis de una determinada transformación organizacional está puesto en la calidad, la innovación, el servicio al cliente, la rapidez o la globalización, el efecto total y los beneficios de esa transformación no serán perceptibles hasta que no cambien la mayoría de los individuos que integran una organización. Un cambio organizacional que implique miles de empleados requiere de un largo tiempo hasta completarse, y su principal efecto secundario son los riesgos de que el personal se canse o, entretanto, empiece a sentirse desorientado:

·El cansancio: El personal de una organización puede llegar a fatigarse debido a que la transformación organizacional es, ante todo, la transformación de los individuos que la integran. Los cambios en la estrategia, estructura o sistemas de una organización no serán duraderos si no van acompañados de un cambio en el pensamiento y comportamiento de sus empleados.

Desgraciadamente, el cambio en los individuos no es fácil y, cuanto más radical se necesita, más difícil resulta. Los empleados siguen comportándose de la manera que más beneficiosa les resultaba en el pasado y se resisten a las modificaciones en las cuales se les pide confiar. Esa confianza en el cambio, si no se fomenta, puede debilitarse y generar el cansancio y la frustración que, en última instancia, hacen que las visiones como la ya mencionada “cliente primero” fracasen.

·La desorientación: Dado que las grandes transformaciones de las organizaciones exigen mucho tiempo para ser llevadas a cabo, los individuos que deben realizar esa tarea, además de agotarse, pueden sentirse desorientados. Comienzan a no saber por dónde empezaron, dónde se hallan actualmente y qué implicaciones tiene eso para su destino final. Esta situación se da habitualmente en las empresas que, tras iniciar los cambios organizacionales bajo el lema “los clientes primero”, no miden la satisfacción de sus clientes después de la introducción de la iniciativa ni la comparan con los niveles anteriores. Ni los ejecutivos ni los empleados saben si lo que hacen realmente satisface a sus clientes, su moral se desmorona y, en definitiva, no culminan el cambio organizacional que iniciaron.

Luchar contra estas dos fuerzas de inercia requiere la presencia en los puestos de mando de los “campeones del cambio”: ejecutivos medios presentes en primera fila capaces de prestar el apoyo y consejo necesarios a sus empleados en los momentos iniciales del cambio organizacional.

Los “campeones del cambio” deben saber qué comportamientos exigir de sus empleados y qué comportamientos fomentar. En las fases preliminares deben mantenerse cerca de la acción y valorar más el esfuerzo que los resultados, ya que estos escasearán, y un esfuerzo continuado es la condición previa de su futura aparición.

Además de la presencia de los “campeones del cambio”, la medición del progreso es otro instrumento fundamental para luchar contra la inercia en el cambio organizacional. Todos los empleados de una organización necesitan saber si el rendimiento general es mediocre, malo o satisfactorio. Sin ello, podrían imaginarse lo peor y quedar desmotivados para continuar.

No menos importante en este sentido es la supervisión y comunicación a nivel individual. A los empleados les interesa el rendimiento de su empresa, pero todavía más el suyo propio, es decir, los progresos que consiguen y si estos cumplen o no las expectativas de sus superiores o si incluso las superan. Para progresar necesitan consejo, apoyo y ayuda de sus superiores. Sin la microgestión, toda la macrogestión de una empresa no evitará que sus empleados se sientan perdidos o desanimados en su esfuerzo por terminar el cambio organizacional iniciado.

Fuente: "Todo empieza con un paso" - Hal Gregersen y StewartBlack


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¿CÓMO RETENER A TUS COLABORADORES DE ALTO POTENCIAL?

El arma más eficaz en la guerra por el talento es la gestión cuidadosa de candidatos para los cargos más importantes. Lamentablemente, el desarrollo de los futuros líderes o altos potenciales de una compañía suele ser poco coherente: no existe un acuerdo sobre las mejores prácticas.

Los criterios de selección son confusos; los colaboradores sólidos a menudo se desmoralizan porque no son incluidos en el proceso; los programas de desarrollo tienden a alejar a los ejecutivos prometedores de las operaciones del día a día.

En un trabajo de investigación de Harvard de largo alcance, se identificaron varios conjuntos de mejores prácticas que usan las compañías con programas sólidos de gestión de talento. Éstas incluyen:


  • Alinear los programas con la estrategia corporativa en vez de adoptar los enfoques estándar que parecen ser eficaces en otras organizaciones. Los programas para altos potenciales de muchas empresas simplemente replican los que existen en otras compañías, como si el talento pudiera desarrollarse con un modelo estándar, sin tomar en cuenta las metas de la organización. El potencial es algo situacional y los programas que lo gestionan deberían estar alineados con la estrategia.
  • Elegir cuidadosamente a los candidatos para los programas mediante una combinación de nominaciones y evaluaciones objetivas para no desperdiciar recursos costosos en las personas equivocadas. Además, una evaluación errada socava la moral de los empleados y la credibilidad del programa completo. Desalentar a una posible estrella por las razones equivocadas puede ser extremadamente costoso.
  • Rotar a las personas en distintos trabajos que encajen con sus metas de desarrollo y experiencias. Los cambios de nivel, unidad organizacional, ubicación, sector y circunstancias ayudan a los ejecutivos a crecer. Idealmente, los trabajos asignados serán nuevos para ellos y requerirán que se adapten a nuevas circunstancias. Mientras más grande sea el cambio en términos de alcance y responsabilidad, mayor será el aprendizaje.
  • Comunicar con honestidad. Las compañías a menudo son reacias a reconocer quién logró ser incluido en la lista de candidatos, pero la única razón real para mantener esto en secreto es que usted sospecha que el proceso es demasiado subjetivo o injusto.
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INFOGRAFÍA - 4 PASOS PARA CREAR UNA MEJOR RED DE CONTACTOS

En la siguiente infografía te mostraremos los pasos para crear una mejor red de contactos:




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14 LECCIONES DE LIDERAZGO DE STEVE JOBS


Luego de la muerte de Steve Jobs, Walter Isaacson CEO del Aspen Institute, periodista, y reconocido autor de biografías, publicó una de las biografías quizás más mencionadas del mundo, convertida rápidamente en un best seller: Steve Jobs.

Luego de unos meses, el mismo Isaacson, escribió para Harvard Business Review “The Real Leadership Lessons of Steve Jobs”, las cuales a continuación te las resumimos:

1) Enfócate
“Decidir qué no hacer es tan importante como decidir qué hacer”, le confió Jobs a Isaacson. Y el autor cuenta que cuando Jobs regresó a Apple en 1997, detuvo la producción de la cantidad de productos que tenían planeados y pidió que se concentraran en sólo cuatro. Cuatro grandiosos productos.

2) Simplifica
La habilidad de Steve Jobs de enfocarse, estaba acompañada del instinto de simplificar las cosas hasta llegar a su esencia, y eliminar aquellos componentes innecesarios. Isaacson destaca una frase del primer folleto de Apple: “la simplicidad es la mayor sofisticación”.

3) Toma toda la responsabilidad
Apple ha tomado la responsabilidad absoluta de la experiencia del consumidor, gracias a que Jobs entendió y aplicó la importancia de que todo el software y hardware de los productos de Apple pertenecieran a la compañía, y así funcionaran en perfecta sintonía familiar. “Las personas tienen otras cosas que hacer en vez de pensar cómo integrar todas sus computadoras y dispositivos”, dijo Jobs.

4) Si te quedaste atrás, da un salto
¿De dónde surgió la idea de Jobs de transformar la industria de la música? Del hecho de haberse quedado atrás en la era de los CDs. Lo que decidió para tomar la delantera en lugar de quedarse atrás, fue crear un sistema integrado que permitiera a los usuarios comprar, compartir, gestionar, guardar, y reproducir su música mejor que cualquier otro dispositivo. Sin necesidad de quemar CDs.

5) Pon a los productos antes que las ganancias
Cuando Jobs y su equipo en los años ochenta decidieron diseñar la original Macintosh, no pensaron precisamente en el dinero que ganarían, ni el que gastarían en hacerla… Lo importante era crear un producto “increíblemente grandioso”.  

6) No seas esclavo de los focus group
“Los consumidores no saben lo que quieren hasta que se lo mostramos”, dijo Jobs.  Así queda claro que no estaba obsesionado con conocer la opinión de los consumidores de antemano, a través de encuestas o focus groups. Porque no es lo mismo investigar a profundidad lo que los consumidores quieren, que preguntarles constantemente qué es lo que quieren. Esto requiere de intuición e instinto. “Nuestra tarea es leer cosas que todavía no están escritas en una hoja”, dijo Jobs.

7) Dobla la realidad
Los colegas de Jobs sabían muy bien que más allá de sus formas, finalmente él conseguía que realizaran el mejor de su desempeño, incluso yendo más allá de lo que ellos hubieran considerado posible. Isaacson rememora la anécdota en que Jobs presionó a su amigo Steve Wozniak para crear un juego llamado Breakout. Si bien Wozniak dijo que le llevaría meses, Jobs insistió en que podía hacerlo en cuatro días. Y así fue.  

8) Imputa
Uno de los legados que Jobs recibió de su mentor Mike Markkula fue el poder de “imputar”. Y de hecho se convirtió en una de las doctrinas de Jobs. ¿De qué se trata? Jobs sabía que la gente se forma una opinión acerca de un producto o compañía, basada en lo que ve: presentación, packaging. Por ello, el excelente diseño era imprescindible para Jobs y para Apple.

9) Impulsa la perfección
Podría decirse que durante el desarrollo de todo producto de Apple, Jobs presionaba una especie de “botón imaginario de pausa” y volvía en el tiempo para revisarlo una y otra vez, hasta que estuviera perfecto. Fue el caso de las tiendas Apple, cuyo lanzamiento fue retrasado hasta que Jobs se aseguró que estuvieran reorganizadas no sólo por categorías sino también por actividades.

10) Tolera sólo a los número 1
La fama de Jobs por su impaciencia y manera dura de tratar a quienes lo rodeaban, es bien conocida. Pero  tal vez no está tan difundido el hecho de que esa forma de ser y hacer provenía de su pasión por la perfección, y su deseo de trabajar sólo con los mejores.

11) Involúcrate cara a cara
Tan paradójico como pueda sonar, el líder de una de las marcas por excelencia de la era digital, era un fiel creyente de las reuniones cara a cara. “Hay una tentación en las redes de trabajo de nuestra era, de pensar que las ideas pueden ser desarrolladas por e-mail o por chat. Eso es una locura. La creatividad surge de las reuniones espontáneas, de las conversaciones al azar”, explicó Jobs a Isaacson.  

12) Conoce el gran panorama y los detalles
Una de las pasiones de Jobs era no sólo prestar atención a lo macro, sino también a lo micro. Uno de los ejemplos que ofrece Isaacson es que en el año 2000 tuvo la visión de crear un “centro digital” donde los consumidores pudieran gestionar su música, videos, fotos, etc.  Primero se introdujo en la creación de los dispositivos personales como el iPod y luego el iPad. Y en 2010, presentó la estrategia sucesora de un “centro” que estaría alojada en la “nube”.  

13) Combina las humanidades con las ciencias
Jobs tuvo la habilidad de conectar algunos extremos que parecerían opuestos: las humanidades con las ciencias, la creatividad con la tecnología, el arte con la ingeniería. Y confesó a Isaacson “De niño siempre pensé en mí como una persona de humanidades, pero me gustaba la electrónica”.  

14) Mantente hambriento, mantente tonto

De acuerdo a Isaacson, Jobs se mantenía hambriento y tonto a lo largo de toda su carrera. ¿De qué forma? Asegurándose que su lado de negocios y su lado de ingeniero, siempre fueran complementados por un lado inconformista, hippie, de sus días rebeldes en los años sesenta, cuando formó parte de una generación que combinó  por un lado a hippies y a geeks de Silicon Valley. 


Fuente: "The Real Leadership Lessons of Steve Jobs" - HBR 2012
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LA MALDICIÓN DE UN EMPLEADO CON EXCELENTE DESEMPEÑO


Algunos comportamientos que te ayudan a tener éxito también pueden impedir tu avance.

El típico empleado con un excelente desempeño generalmente es:

1. Orientado a los resultados
El empleado con alto desempeño no deja que nada lo detenga. Pero se puede involucrar tanto en sus tareas que ser transparente con sus compañeros o ayudar a otros le puede parecer una pérdida de tiempo valioso.

2. Hacedor 
El empleado de alto desempeño cree, casi siempre con razón, que nadie lo puede hacer tan bien como él. Eso puede hacer que sea malo delegando o que microgestione.

3. Altamente motivado
El empleado de alto desempeño toma en serio todos los aspectos de su trabajo. Pero eso significa que a menudo no puede distinguir entre lo urgente y lo importante.

4. Ansía el feedback positivo
Al empleado de alto desempeño le preocupa profundamente lo que otros piensan de su trabajo. Sin embargo, tiende a ignorar el feedback positivo y se obsesiona con las críticas.

5. Competitivo
Si bien un apetito por competir es sano, el empleado de alto desempeño se compara obsesivamente con los demás, lo que lo puede llevar a un sentimiento crónico de insuficiencia, a apreciaciones falsas y tropiezos en su carrera.

6. Apasionado por su trabajo
Pasa rápidamente de la euforia al abatimiento. Para el empleado de alto desempeño hay una línea muy fina entre el triunfo y la agonía.

7. Tomador de riesgos seguros
Es improbable que el empleado de alto desempeño ponga en peligro a la compañía con una maniobra riesgosa, pero es probable que evite lo desconocido.

8. Movido por la culpa

El empleado de alto desempeño se siente impulsado a producir, pero no importa cuánto produzca, siempre siente que no hace lo suficiente.

Fuente: HBR
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Infografía - Cuatro formas de descubrir necesidades no satisfechas

En la siguiente infografía te mostraremos como descubrir las necesidades no satisfechas de sus clientes:

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Resumen: Mapas Estratégicos



EL MODELO BÁSICO DE LOS MAPAS DE ESTRATEGIAS

El mapa de estrategias brinda un marco de referencia visual de la estrategia de la compañía, es decir, de cómo se pretende crear valor. Un buen mapa de la estrategia vinculará entre sí los siguientes elementos:

1. La productividad deseada y los resultados del crecimiento.
2. La propuesta de valor al cliente.
3. Desempeños destacados en los procesos internos.
4. Los resultados que se esperan de los bienes intangibles.

Cada organización cuenta con una estrategia a través de la cual pretende crear valor en beneficio de sus clientes, accionistas o interesados. Así pues, existen muchas propuestas acerca de cuál es el mejor modo de describir y afinar la estrategia con el fin de aumentar la creación de valor. Entre estas está el llamado “Balanced Scorecard” (conocido como cuadro de mando o tablero de comando), según el cual la capacidad de una organización para crear valor en el futuro estará en función de los siguientes cuatro factores o perspectivas:

1. La perspectiva financiera: qué resultados financieros se requieren para que los accionistas consideren que la gestión es exitosa. Es preciso mantener un balance entre las inversiones destinadas a un crecimiento a largo plazo y los recortes de costos con miras a resultados inmediatos.

2. La perspectiva del cliente: qué tan específica y diferenciada es la propuesta de valor que la organización le está ofreciendo al cliente. En la práctica, existen cuatro tipos de propuestas de valor:
2.1. Costos más bajos.
2.2. Mejores productos o servicios.
2.3. Ofrecer soluciones completas al cliente.
2.4. Atrapar al cliente de modo que le sea difícil cambiar de proveedor

3. La perspectiva interna: los diversos procesos internos a través de los cuales los productos y servicios son preparados y enviados al cliente. Estos pueden ser agrupados en:
3.1. Administración de operaciones: producción y envío.
3.2. Relació con el cliente.
3.3. Innovación: productos/servicios de nueva generación.
3.4. Regulaciones y relaciones: acatar la ley.

4. La perspectiva del crecimiento y el aprendizaje: cómo mejorar los bienes intangibles de modo que generen mayor valor en el futuro. Los bienes intangibles pueden ser clasificados en:
4.1. Capital humano: la gente con la cual contamos.
4.2. Capital informativo: la información con la que contamos
4.3. Capital organizacional: los procedimientos con los que contamos.

Así pues, en vez de establecer simplemente los objetivos financieros, se establecen y supervisan los objetivos de estas cuatro perspectivas.

Los mapas de estrategia toman en cuenta dichas cuatro perspectivas, y aseguran que los objetivos establecidos en cada una de estas sean consistentes entre sí. Dicha consistencia garantizará que el desempeño de la compañía mantenga su curso en un nivel óptimo y, a su vez, evitará que el desempeño de un  departamento mine el éxito de otro departamento. Dado que los mapas de estrategia clarifican todas las relaciones de causa y efecto, la estrategia puede ser desarrollada y mejorada con el tiempo. Los mapas de estrategia son la interfaz entre la estrategia y el “Balanced Scorecard”. Así pues, tenemos el siguiente esquema:

1. Estrategia: misión, visión, valores.
2. Mapa de la estrategia de la organización.
3. “Balanced Scorecard”: objetivos y supervisión

El mapa de la estrategia conecta conceptualmente los objetivos de alto nivel de la organización (misión, visión y valores) con pasos que cada empleado debe dar. Además, los mapas de estrategia permitirán hacer un balance entre todas las formas de competencia en las que una organización se ve involucrada:

1. Invertir en bienes intangibles que generen un crecimiento a largo plazo de los ingresos o concentrarse en reducir costos activamente para mejorar los resultados a corto plazo.
2. Cómo diferenciarnos de la competencia, que normalmente supone la aplicación de uno de los cuatro métodos antes mencionados.
3. En qué proceso interno concentrarse y mejorar, y cuál subcontratar.
4. Cómo balancear la asignación de recursos entre los diferentes procesos internos, de modo que los diversos beneficios sean recibidos en momentos distintos.
5. Cómo sincronizar todo lo que haga la compañía, de modo que los esfuerzos de un departamento no tengan un impacto negativo en otro departamento.
6. Cómo tomar buenas decisiones gerenciales acerca de la inversión en bienes intangibles.

GERENCIANDO LA PERSPECTIVA INTERNA

Con el fin de crear valor, las compañías producen bienes y servicios que puedan ser vendidos. Antes se creía que la administración de estos procesos era la tarea más importante de la gerencia. Sin embargo, la excelencia operacional no es suficiente hoy en día para crear una ventaja competitiva. El mapa de la estrategia permitirá velar de que los procesos internos sean bien ejecutados, y estén en consonancia con los bienes intangibles y la propuesta de valor para el cliente. A continuación, los cuatro procesos internos a través de los cuales las organizaciones crean valor:

Procesos de operaciones gerenciales:
En el área de gerencia de operaciones, se debe:
1. Estrechar relaciones con los proveedores, con el fin de bajar los costos totales. Normalmente, esto supone una simplificación de los procesos de contabilidad y facturación.
2. Buscar nuevas maneras de crear productos y servicios lo más eficientemente posible, mediante el mejoramiento de procesos.
3. Tratar de disminuir los costos de distribución y envío como sea posible.
4. Procurarse una mejor idea de los riesgos que corre el negocio y tratar de minimizarlos o buscarles solución.

A través de la gerencia de operaciones, las organizaciones tratan de mejorar la propuesta de valor:     
        1. Precios competitivos.
2. Alto niveles de calidad.
3. Envío rápido de productos vendidos.
4. Una solución comprehensiva de los problemas del cliente.

Un mapa de la estrategia bien pensado e integrado, permite un enfoque estratégico de estor procesos fundamentales. En otras palabras, el mapa de la estrategia permite vincular los programas de procesos de mejoramiento con importantes resultados organizacionales. El mapa de la estrategia permite mejorar lo que necesite ser mejorado, no lo que sea más obvio.

El mapa de la estrategia es también muy útil cuando las compañías se enfrascan en programas de gerencia de calidad como: Total Quality Management (TQM), Six Sigma o Activity-based management.

Procesos de gerencia de clientes:
Muchas compañías presentan problemas en esta área. En términos de la gerencia de clientes, las compañías deben:
1. Segmentar el mercado en nichos a los que se les pueda ofrecer una propuesta de valor específica y personalizada. 
2. Tratar de conseguir nuevos clientes a través de una propuesta de valor atractiva.
3. Procurar mantener los clientes actuales. Esto supone, por lo general, programas de incentivos al cliente, entre otros.
4. Tratar de que los clientes actuales compren más productos y servicios en el futuro a través de ventas cruzadas y otros recursos.

A través de la gerencia de clientes, las organizaciones tratan de mejorar la propuesta de valor:
1. Obteniendo una imagen de marca más fuerte y vibrante.
2. Estableciendo una relación del tipo “ganar-ganar”.
3. Consiguiendo un incremento de la lealtad del cliente.

En resumen, la gerencia de clientes tiene que ver con crear una propuesta de valor que sea atractiva para el cliente.

Procesos de innovación:
Para crear o mantener una ventaja competitiva, las organizaciones deben crear e introducir nuevos productos, servicios y procesos, al mercado. Es necesario que las organizaciones:

1. Se anticipen a las necesidades del cliente, y desarrollen nuevos productos que satisfagan dichas necesidades.
2. Cuenten con una cartera de investigación y desarrollo, que incluya nuevas tecnologías, nuevos productos, productos de nueva generación, productos derivados y productos desarrollados con asociados.
3. Experimenten en áreas como: producción, planificación, manufactura y lapsos de tiempo.
4. Pongan en práctica nuevas estrategias de mercadotecnia y ventas, para vender los nuevos productos a la clientela.

A través de los procesos de innovación, las organizaciones tratan de mejorar la propuesta de valor:
1. Aumentando la funcionalidad o los productos de alto nivel.
2. Siendo el primero en vender y hacer nuevas ofertas.
3. Expandiendo los mercados existentes.

Procesos regulatorios:
Las compañías y organizaciones deben ganarse constantemente el derecho de operar en las comunidades y países en los que producen y venden. Para tal fin, deben cumplir con las leyes y normas establecidas, y contribuir con las comunidades. En particular, las organizaciones deben:

1. Hacer un buen uso de la energía, evitar contaminar el medio ambiente y minimizar el impacto que la producción pueda tener en el mismo.
2. Proveer puestos de trabajo que sean seguros para los empleados, y tomar medidas para reducir el tiempo de exposición de los empleados a cualquier riesgo.
3. Pagarle apropiadamente a los empleados y darles la oportunidad de adquirir nuevas habilidades y competencias.
4. Ser respetuosas con las necesidades de la comunidad, hacer contribuciones monetarias o permitir que los empleados hagan trabajo voluntario.

Los procesos regulatorios allanan, además, el camino a nuevos mercados. Las organizaciones con un buen historial, en este sentido, son siempre bienvenidas por la comunidad. Además, contribuir con el buen estado de la comunidad elevará la moral de los empleados.


CREACIÓN DE VALOR A PARTIR DE BIENES INTANGIBLES

Con el fin de crear valor agregado a partir de los tres tipos de bienes intangibles, deben suceder dos cosas:
1. Dichos bienes deben estar bien alineados con la estrategia que la organización está tratando de llevar a cabo.
2. Se debe adoptar un programa integrado con el fin de aumentar de un modo coordinado todos los bienes intangibles  de la organización.

La clave para gerenciar bienes intangibles está en saber medir si estos cumplen con los requisitos exigidos por la estrategia general de la compañía.

En términos prácticos, el mejor modo de manejar bienes intangibles efectivamente es desarrollar un reporte en el que:
1. Se determinen todos los bienes intangibles de la empresa.
2. Los bienes sean puestos en consonancia con la estrategia.
3. Se mida el grado de preparación de estos activos.

La preparación se puede ilustrar de la siguiente forma:




Donde:

- Liquidez es la facilidad con la que un bien tangible puede ser convertido en dinero.
- Preparación es el nivel de alineación de los activos intangibles con respecto a la estrategia. Mientras mayor sea el nivel de preparación, más rápido se convierte el activo intangible en tangible, y empezará a generar dinero.
- Las organizaciones no deberían asignar un valor monetario rio a los bienes intangibles sólo porque estos generarán resultados tangibles al aplicar la estrategia.

La preparación de los bienes intangibles es una condición necesaria para obtener el éxito; pero, por sí misma, no garantiza la consecución del mismo. El objetivo es propiciar que el nivel de preparación sea con el tiempo cada vez mayor. Pero, para tal fin, es preciso poder definir, medir y gerenciar la preparación de cada uno de los tipos de bienes por separado. En este sentido, existen diversos métodos para cada uno:

1. Capital humano:

1.1. Identificar las necesidades de la organización: es preciso determinar cuáles son las habilidades requeridas para que los procesos internos de la organización funcionen adecuadamente.
1.2. Construir un “perfil de habilidades”: los conocimientos y valores con los que debe contar una persona para desempeñarse exitosamente. Muchos departamentos de Recursos Humanos se valen ya de un perfil de habilidades al momento de contratar al personal o de desarrollar programas de mejoramiento.
1.3. Evaluar cuál es el nivel de preparación actual de la organización: comparando las actuales habilidades y capacidades con las necesidades de la organización. Esto permitirá establecer los puntos débiles y las fortalezas.
1.4. Desarrollar más capital humano: estableciendo programas de reclutamiento, entrenamiento y desarrollo.

En esta área habrá siempre una diferencia entre las habilidades y capacidades requeridas y las habilidades y capacidades de la fuerza de trabajo. Esta diferencia determina la agenda en relación con los programas de desarrollo de personal. Al acabar con las diferencias se incrementa el capital humano.

2. Capital de información:

2.1.  Describir precisamente su cartera actual de información; que contará básicamente con dos componentes:
   2.1.1. Infraestructura tecnológica: equipos, programas, redes de comunicación y asesorías.
  2.1.2. Aplicaciones que usan la infraestructura tecnológica a: procesamiento de transacciones, herramientas de análisis gerencial, planes de manufactura y relaciones con la cadena de suministros.
2.2. Alinear el capital de información con la estrategia de negocios: este capital sólo tiene valor en el contexto de la estrategia que se lleva a cabo. Por ejemplo, una compañía que esté aplicando una estrategia de liderazgo para su producto, se beneficiará de herramientas que mejoren los procesos de diseño y desarrollo.
2.3. Determinar el nivel de preparación del capital de información: esto apoyará la estrategia elegida. En este caso, la preparación debe ser medida en términos tanto cualitativos (utilizando una escala en particular) como cuantitativos (encuestas técnicas). Cualquiera de los dos métodos funcionará bien. Basta con determinar cuál se ajusta mejor a las necesidades de la compañía.

Normalmente, la mayoría de las inversiones en capital de información se miden en términos de costos o fiabilidad. Los mapas de estrategias permiten medir dichas inversiones en términos del alineamiento estratégico, es decir, en qué medida este capital contribuye a obtener los objetivos de la empresa. Este es un método más viable e interesante.

3. Capital organizacional:

3.1. Crear liderazgo organizacional: especialmente el tipo de liderazgo necesario en los momentos de transición y cambio. Mientras más efectivos sean los líderes, mejor. Para profundizar el liderazgo, algunas compañías implementan  procesos de desarrollo en los que se les asignan constantemente más tareas a los futuros líderes. Otra posibilidad es establecer un modelo de liderazgo, y fomentar que todo el mundo trate de llegar al mismo a través de las diversas tareas asignadas.

3.2. Fortalecer la cultura corporativa: es decir, las actitudes y comportamientos que la gente considera apropiados. Estrategias y propuestas de valor diversas exigirán culturas diversas. Muchas compañías están pendientes de que su cultura propicie el crecimiento y no sea un impedimento para su buen desempeño.

3.3. Encontrar mejores formas de alinear la organización con la estrategia: pues la alineación fomentará la toma de riesgos, la innovación y la fortaleza entre los empleados. Para incrementar la alineación, lo líderes pueden individualizar los objetivos, con el fin de crear conciencia, y establecer incentivos que vinculen objetivos y compensación.

3.4. Fomentar un mayor intercambio de información y el trabajo en equipo: estableciendo una estructura que propicie el intercambio de información. Esto permitirá que se aplique en todos los departamentos aquello que ha sido exitoso en alguno.

EL MAPA DE LA ESTRATEGIA Y LA ESTRATEGIA COMERCIAL

El mapa de estrategia brinda una descripción completa y concisa de la estrategia de la organización. Gracias a esto, los gerentes son capaces de mejorar su capacidad de describir, medir, gerenciar y ejecutar la estrategia en cuestión. Sin embargo, para sacarle el mayor provecho, debe ser combinado con un Balanced Scorecard que contenga los criterios para medir el desempeño, los objetivos y las iniciativas. Esta combinación permitirá evaluar constantemente la efectividad de la estrategia y las iniciativas destinadas a estrechar las diferencias entre el desempeño y los resultados obtenidos.

El mapa de la estrategia puede ser utilizado dinámicamente para crear un plan de acción. La combinación del mapa de la estrategia y el Balanced Scorecard depende de seis pasos:

1. Establecer y determinar los objetivos financieros, medidas y objetivos: determine el nivel de crecimiento a largo plazo y las mejoras en la productividad a corto plazo que obtendrá al lograr los objetivos.
2. Conciliar su propuesta de valor actual: identificando los segmentos de clientes con los que actualmente cuenta, clarificando la propuesta de valor en vigencia, seleccionando las medidas y conciliando las necesidades del cliente con los resultados financieros requeridos. Además, es posible reformular la propuesta de valor, dependiendo del nivel de crecimiento al que se aspire.
3. Establecer un cronograma: los resultados financieros requeridos serán obtenidos tan rápido como sea posible anticiparlos nuevos procesos y asuntos internos. De este modo, será posible determinar qué objetivos podrán ser logrados, y cuáles necesitan ser aún ajustados.
4. Identificar los asuntos estratégicos fundamentales: aquellos procesos internos que tendrán el mayor impacto en la propuesta de valor para el cliente. Es preciso establecer medidas y objetivos para cada asunto por separado. Asimismo, es de suma importancia subrayar qué procesos internos impulsan a los objetivos, y crear objetivos y medidas interconectados.
5. Identificar y alinear los bienes intangibles: evaluar el nivel de disposición estratégica de cada bien intangible. Luego se establecen objetivos para incrementar el nivel de disposición de cada bien por separado.
6. Especificar y financiar las iniciativas estratégicas requeridas para ejecutar la estrategia: de modo que haya claridad en cuanto al nivel y la fuente del financiamiento requerido.


La verdadera fortaleza del mapa de la estrategia, el Balanced Scorecard y el plan de acción es la consistencia. En vez de un acercamiento fragmentado, en el que una parte de la organización persigue objetivos diversos a aquellos perseguidos por las demás partes, se implementa una estrategia común.


Fuente: Mapas Estratégicos - Convirtiendo bienes intangibles en resultados tangibles -Robert S. Kaplan y David P. Norton
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